Nuestro fútbol: un secuestro legal



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Cuando el fútbol chileno llevó adelante el profundo cambio estructural que significó implementar el modelo de sociedades anónimas deportivas, lo hizo respaldado en un discurso que prometía mayor eficiencia, desarrollo y transparencia. Se juraba de “guata” que los vicios y males de las corporaciones deportivas quedarían en el pasado.

Las palabras simplemente se las llevó el viento. Nuestros equipos dan la hora en las competencias internacionales y son contadas con los dedos de la mano, las instituciones con un proyecto serio y proyectable en el tiempo. La industria, como les gusta llamarla, se convirtió en un negocio monopólico en el que evitar la competencia, esencia de la actividad, pasó a ser el objetivo principal.

El amor por el dinero terminó consumiendo cualquier esperanza de un salto cualitativo de esa actividad que tanto nos gusta. El consejo de presidentes está nuevamente entrampado en una discusión estúpida y hasta ordinaria en relación a los premios que deben entregar los campeonatos. En una pichanga de barrio se encuentra hoy más pasión y amor por el juego que la que profesa la mayoría de los dirigentes actuales en Chile. Por último, el que pierde paga la cancha o se “raja” con el tercer tiempo.

Todo esto, obviamente, de la mano con una clase política que solo mira para el lado, incapaz de asumir sus culpas en el “secuestro legal” que hoy vive el fútbol chileno. Entregaron la mesa en bandeja; la Concertación y la Alianza actúan tan amigas como siempre a la hora de sucumbir al poder económico.

En medio de este desastre y picantería, al menos aún quedan grados de decencia. Por lo mismo se agradece, destaca y valora lo realizado hoy por Patricio Galaz: salir al frente y dejar en claro como el poder de los representantes crece y crece en la medida que algunos están dispuestos a hacerles el juego. Obviamente no es el único mal que aqueja a la actividad -conflicto de interés y concentración de la propiedad van de la mano- pero colocó el dedo en una de las tantas llagas del presente.

No se le puede endosar la responsabilidad de terminar con toda la putrefacción que hoy hiede de la “industria”, pero es un paso en la dirección correcta, tal como el del SIFUP, convocando a paro por la impresentable idea de jugar un torneo casi amistoso en segunda división, a todas luces un atentado al juego, propio insisto, de personas que lo que menos les importa es el fútbol en sí.

Llévense sus negocios a otros lados, devuelvan el fútbol…

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Cobardía

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